LOS TECHOS PARQUIZADOS (por Fernando Ceconi para revista Doquier)

Con alternativas que van desde plantas de bajo requerimiento de agua hasta césped e incluso especies floridas, los jardines en terrazas favorecen la aislación térmica y sonora de los edificios a la vez que realzan la naturaleza en la identidad de una ciudad.
Las terrazas verdes no son una invención moderna, en realidad tienen siglos de existencia. Se puede decir que las primeras de la historia fueron los Jardines Colgantes de Babilonia, que en su forma y distribución se apoyaban fundamentalmente en la práctica de la agricultura.
Mucho más tarde los reyes de Persia crearon jardines de gran exuberancia destinados a la diversión, consagrados al placer, al amor, a la salud y al lujo, introduciendo el agua como medio de irrigación y de refrigeración del aire a partir de un fuerte contenido religioso y simbólico.
Asimismo, los credos religiosos describían el comienzo de los tiempos, o el término de la vida, con jardines o paraísos llenos de árboles de todas las especies. Los árboles eran el punto cental de donde se extraía el conociemiento de Dios y el Diablo.
Todavía forman parte de nuestro legado cultural y son responsables, hasta cierto punto de actitudes y sentimientos del presente e, indudablemente, del interés que experimeentamos hacia las plantas y los jardines. Ya más cerca de nuestros días, en 1930 el Rockefeller Center de New York propuso cubiertas con verde natural, así como el Chicago City Hall o la larga lista de fábricas alemanas.
En estas latitudes, Rosario está transformando su paisaje a un ritmo acelerado debido al auge de la construcción. Podríamos decir que estamos frente a la posibilidad de afirmar nuestro compromiso ciudadano respecto a la protección y construcción de espacios verdes para mejorar nuestra calidad de vida, dándoles un perfil a nuestra ciudad donde se afirme el respeto por la naturaleza.
La inclusión de las cubiertas verdes en las edificaciones sería un buen ejemplo. Los techos parquizados tienen innumerables beneficios estéticos y económicos. Al restituir la superficie verde en las áreas urbanas se favorece la aislación térmica y sonora de los edificios, que además de obtener un ahorro de energía mejoran el aspecto de sus terrazas, convirtiéndolas en áreas de uso y a la vez, en verdaderas células reductoras de la amplitud térmica que sufren las ciudades.

Alturas naturales.

Básicamente hay dos tipos de techos verdes, los extensivos y los intensivos. Los primeros son aquellos en los que plantas de bajo requerimiento de agua cubren todo el techo, sobre un manto de piedra, lechos filtrantes y tierra; estos no requieren riego ni cuidados especiales, por ello las plantas son de bajo crecimiento.
Los segundos, en cambio, son de césped o incluso especies bien floridas, con distinto grado de crecimiento y porte; son tratados como un jardín más, en ocasiones con riego. Para la realización de este tipo de techos se utilizan camas especiales con patas, donde se asientan los panes de plantas, de manera que entre el techo propiamente dicho y el camastro quedan unos 10 centímetros, lo que mejora la aislación térmica de las construcciones.
De esta forma, un lenguaje urbano característico podría leerse desde lo alto, ofreciendo algo más cercano a nuestros conceptos de ciudad ideal.